Boca se quedó con las manos vacías en la final de la Copa Panamericana, que se disputó en Phoenix, al caer 3-1 con Cruz Azul. Sin embargo, el saldo fue positivo porque pudo ganar un par de encuentros, llegó a la definición de otro certamen y probó algunas variantes de cara al inició del torneo Apertura.
El conjunto conducido por Miguel Angel Russo fue un poco más en la primera etapa, a partir del buen trabajo de Ledesma en la mitad del campo y la movilidad de Dátolo por el sector izquierdo. Sin embargo, no fue demasiado claro en los últimos metros y ese dominio de balón que ejerció hasta los 30 minutos no le sirvió de mucho. Al equipo argentino le faltó un conductor, un hombre para colocar pases gol y dejar cara a cara a sus atacantes.
Cardozo no apareció con la velocidad que lo caracteriza y Palermo pasó desapercibido, salvo por un cabezazo desde el punto del penal que viajó sin problemas a las manos de Oscar Pérez. La primera de peligro llegó a los 25 y se transformó en el 1-0: Dátolo desbordó y la tiró por abajo al segundo palo para la entrada en soledad de Boselli, quien la empujó a la red.
La Máquina Cementera no tuvo argumentos para provocarle sustos al Xeneize hasta la media hora de juego, cuando Delgado se encendió y empezó a desequilibrar con su tremenda habilidad. A los 34, el Chelito bajó un centro en el segundo palo, enganchó hacia fuera, remató cruzado y Migliore evitó la igualdad con su pierna izquierda.
Parecía que Boca se iba adelante al descanso, pero Israel López clavó un tremendo tiro libre en el ángulo y decretó 1-1. Y a los 47 se produjo la polémica de la noche, ya que Boselli la bajó con el pecho entre los centrales aztecas y la puso contra el poste derecho de Pérez, pero el árbitro anuló el gol porque consideró erróneamente que el atacante la había matado con el brazo.
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