River se confundió y Racing resistió
River equipo es un inocultable laboratorio en movimiento. Y experimenta, mientras busca algún título. Racing es resistencia, esfuerzo con un objetivo nítido; evitar la Promoción o el descenso. Así arrancaron jugando. Gestando un espectáculo muy menor, aburrido, disputado en frecuencia baja, que no se alteró y que hirió al buen gusto. Salpicado, aisladamente, por jugadas peligrosas, mayoritariamente frente a Hilario Navarro; aunque eso no invite, que quede en claro, a citar méritos como para justificar un triunfo local.
El punto le sirve a Racing, por supuesto. A River debe preocuparlo, en cambio. Especialmente porque en el verde césped se enfrentaron un candidato a dar la vuelta aquí y con aspiraciones a consagrarse internacionalmente y otro que trata de huir, como pueda, de tiempos de escozor e incertidumbre. ¿Se notó, eso, en los noventa minutos? Escasamente. Que River se proponga un sistema ofensivo no significó que fuese punzante, desequilibrante o contundente. Racing se refugió en el orden, en arriesgar si se podía y apostar a que un despacho aéreo acertara en la cabeza de Sava o que el inquieto Moralez (lo complicó bastante a Gerlo, quien frenó la pelota con la mano en el área, aunque dio la sensación de que fue casual) completara un desborde. Moralez amenazó más de lo que concretó.
River, desconcierta. Y parece que se autoconfunde. Empezó con línea de tres, atrás. Augusto Fernández de carrilero por la derecha y el inexpresivo Rodrigo Archubi por izquierda. Ahumada aguantando la contención, Ortega como enganche en presunta sociedad con Falcao y los puntas Abreu y Buonanotte (de wing izquierdo). El único que desniveló por habilidad (un par de veces el diminuto delantero o volante recibió buenos pases largos de Ortega y los usufructuó) fue precisamente Buonanotte. En un desarrollo parejo y monótono porque River se aferró a las posiciones y Racing a sus necesidades, el chiquito millonario se encargó de sacudir el sopor de un choque pesado, carente de vibración y llegadas. Incluso en el lapso que fue de los 23 a los 40, Buonanotte marcó el camino. Y quedaron para rescatar: una falta de Sosa a Ortega que se iba rumbo al arco, una canchereada de Navarro que Abreu casi aprovechó, los zurdazos del chico con la camiseta 30 y un cruce justo, duro ¿polémico? de Matías Sánchez a Falcao. ¿Racing? Lucha, persistencia para no ser superados, un zurdazo de Morales. Suficientes fueron las insuficiencias colectivas e individuales de ambos rivales para no alterar el cero.
La salida de Ortega modificó el tablero de River. Ferrari hizo de Ortega y Fernández, de socio. No hubo noticias de mejoramiento. Después, Alexis Sánchez hizo de Buenanotte y Buenanotte hizo de Ortega. Las aproximaciones escasearon. Más tarde Rosales ingresó por Falcao, Sánchez pasó al medio y Buenanotte a la izquierda. Miguel Angel Micó, para no ser menos que Simeone en esto de los cambios, lo puso a Manicero y ubicó tres puntas. Ni así hubo dominio territorial masivo de River. Racing, para su lamento, no le sacó a réditos a los espacios y desperdició varios avances con posibilidades; en la mejor, Sava disparó un misil tipo centro cuando Matías Sánchez se la pedía sin marca. River, con los costados cubiertos, lanzó tantas encomiendas como si estuviera Sava con la banda roja. Cáceres y Mercado (luego Menghi, tras la expulsión de Sosa) rechazaron todas, con excepción de un ingreso de Archubi, quien resolvió mal de cabeza. La otra situación neta la tuvo Rosales, pero Navarro tapó el tiro, la pelota se elevó y chocó contra el travesaño.
Esas imágenes mostrando a River prisionero de sus urgencias, tratando de que le funcione lo que ensaya, anticiparon el final. Racing puso el pecho, mantiene el pulso, gambeteó la caída libre. River sigue en proceso de elaboración táctica. Juega en bajo nivel. Si jugar se entiende por pasarle la pelota segura al compañero, rotar, crear espacios, usar el ingenio, el talento. Si no le sale la primera finta a Ortega, se le complica. Racing no debe descuidarse, pero si embolsó un punto en el Monumental sin sufrir demasiado, puede ilusionarse: el resto de los que atraviesan su misma situación son parecidos. Y en un fútbol agraviado por los violentos, no hay que lamentarse por un partido olvidable. Porque el juego puede mejorar. Lo otro, lo que duele, sigue sin solución.
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