Racing empata y vuelve a Promoción

La gente de Racing no entiende razones. Como el equipo, que es pura prepotencia, ciento por ciento de ansiedad, ni así de serenidad, menos diez de paciencia.
Se va a demostrar en el comentario del partido ante Tigre que pudo haberlo ganado el equipo que conduce Juan Manuel Llop. Pero lo que se intenta en este espacio es plantear que sin elaboración de juego, optando por una trabada de Bastía en vez de un pase aclarado de Maxi Moralez, celebrando el fundamentalismo de Zuculini para seguir trabando con la cabeza, lanzándole adoquines con forma de pelota a sus delanteros, apostando a la turbulencia de Franco Sosa cada vez que cruza la línea de la mitad de la cancha, expulsar de la realidad las palabras promoción y descenso va a ser tan difícil como al gobierno de Cristina devolverle a la población la credibilidad en los índices oficiales de la inflación.
A los cuatro segundos, Navia apretó a Castaño como anunciando que la Academia jugaba una final. Antes del minuto, Yacob clavó a Román Martínez en claro mensaje que el duelo era a todo o nada. Tanto una como la otra jugada hubieran sido incuestionables si después, en la continuidad del movimiento, el remolino de voluntades desbocadas no hubiera esterilizado -machucado también- uno tras otros los intentos que partes del talento de Maxi Moralez.
Si todo el fervor, el músculo y el corazón blanquiceleste sirve únicamente para meter los partidos en una licuadora que termina esterilizando la imprescindible cuota de buen juego y las pausas correspondientes, da la sensación que todo se consumirá en una desgastante carrera para llegar a ningún lado.
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